jueves, 6 de septiembre de 2012

Improvisaciones III

     Se puso los cascos y notó cómo aquellas notas recorrian su cuerpo, relajaban sus músculos, y se instalaban justo en aquél órgano que lo maneja todo, el corazón. Y sin saber por qué, cogió una barra de pegamento e imaginó que era un micrófono. Cantó, cantó cómo nunca lo había hecho. Porque aquella melodia, aquellas palabras llenas de razón, hacían que la sangre flullese por sus venas, que sus neuronas trabajasen más que nunca. Le hacían sentirse viva de nuevo.

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