viernes, 3 de agosto de 2012

Entrada nº 100

      Y los dedos se deslizaron, temerosos, por el teclado frío, mientras recordaba cuantas emociones había descrito en aquel blog. Y pensó, entrada número 100, allá vamos. Porque ya era hora de expresar otro sentimiento que no fuesen los típicos, era hora de expresar algo más que angustia o un empalagoso enamoramiento. Era hora de expresar lo que llevaba dentro desde hacía poco, el orgullo. Porque había conseguido algo que nunca había imaginado conseguir. Sentirse orgullosa de su escritura, de sus relatos, sus historias. Y poco le importaba ya lo que pensase la gente de ella, lo único que importaba era su talento, y que había más de treinta personas detrás de la pantalla que la apoyaban, que la comprendían, y que compartían su amor por el arte.

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