jueves, 8 de diciembre de 2011

Viejos amigos




- Hola querido amigo – Saludó un hombre desde las sombras.
                - Hace muchos años que no te veo – Contestó, recogiendo las cartas de la mesa – Tu presencia es extraña. ¿Qué te trae por aquí?
                - Lo mismo que te alejó a ti de mi camino hace años, amigo – Marcó la última palabra, más como una amenaza que como otra cosa.
                Su mano se posó en el hombro del joven. Se levantó de golpe, retorciéndole el brazo al anciano. Se escuchó un ruido sordo.
                - Ya no soy tu aprendiz, maestro, no tienes derecho alguno sobre mi – Dijo, soltándolo y volviéndose a sentar.
                - No busco el derecho sobre tus actos, no busco tu ayuda – Le contestó, agachando la cabeza hasta que su rostro quedó oculto.
                - Entonces, ¿Qué buscas en este lugar dejado de la mano de Dios?
                - Tu muerte.
                La pistola salió de su funda antes de que el joven aprendiz soltase las cartas en la mesa. Apretó el gatillo y el estruendo asustó a los caballos, atados al otro lado de la calle. Los dedos del joven se cernieron sobre la bala, quedando atrapada en su mano.
                - Me he vuelto más fuerte de lo que nunca pudiste llegar a imaginar, maestro. Mis capacidades aumentan tan rápido como son capaces. Deberías tenerlo en cuenta si te enfrentas a mí.
                La silla tambaleó cuando el cuerpo desapareció, levantándose tan rápido que los cansados ojos del maestro apenas pudieron notarlo.
                El aprendiz echó el puño hacia atrás, moviendo todo el cuerpo en armonía. Segundos después su mano se abalanzaba sobre el pecho del anciano, abriéndose.
                El golpe lo empujó, tirándolo al suelo y dejándolo inconsciente.
                - Este es el momento en el que el aprendiz supera al maestro.

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