Hace
tiempo que el amor para mí ha cambiado. No la forma de vivirlo o sentirlo, si
no mi idea principal de él.
El año
pasado, si me hubiesen preguntado que era el amor les habría contestado:
·
Cuando pierdes la respiración al ver a esa chica
especial, esas “mariposas” que te hacen volar con cada palabra que sale de sus
labios. Es cuando sacas un cero en un examen por poner como respuesta en todas
las preguntas: Te quiero. Te habría dicho que el amor no tiene límites, que él
no entiende de edad, raza, color, estatus social… Te habría dicho que
amar a una persona es prometerle la luna, y aún sabiendo que no se la podrás
dar, intentarlo hasta no poder más. Te habría dicho que es justicia, pasión,
cariño, pero también lujuria. Te habría dicho que dos personas que se aman
comparten una misma alma en dos cuerpos, dos corazones…
Este año, la respuesta cambia:
·
El amor es extraño… la forma e intensidad cambia
según la persona que la siente. El amor es algo que no se puede definir
correctamente. Es querer a una persona, querer dedicarle toda tu vida, tu éxito…
Pero, ¿a los ligues de una noche se les puede llamar amor? Si, ¿Por qué no?
Amor a la vida, la aventura y la pasión. Hoy en día pocas personas lo dicen por
miedo a la gente. Yo lo diré. Amo la vida, amo a mi familia, a esa chica
especial, a mis amigas… Amo la noche encerrada entre abrazos y besos. Este año
puedo decir: El amor puede doler o ser perfecto, puede hacernos reír o llorar.
Puedes amar a cualquiera… si tu lo quieres. Amar. Amar. Un concepto extraño hoy
en día.

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